miércoles, 21 de agosto de 2013

PROCESO HISTORICO DE LA AGRICULTURA ANDINA

Cuando el hombre llegó a América, hace aproximadamente 10 a 20 mil años (Cardich, 1960), se encontró con un ecosistema diverso y complejo al cual tuvo que adaptarse para sobrevivir en las condiciones existentes. Es decir, se convirtió en un consumidor más.

El camino a seguir fue domesticar las especies vegetales y animales y desarrollar los medios de producción de alimentos. Según Spinden (1928) el primer origen de la agricultura en el continente americano ocurrió en las tierras altas de México y Guatemala, relacionando este proceso al cultivo del maíz.

En los Andes, este origen debió estar localizado en uno o varios valles interandinos, en donde se desarrolló además la técnica del riego. En general se considera que la agricultura andina se desarrolló primero en las regiones secas y posteriormente en las húmedas. Sin embargo, es probable que se desarrolló en forma autónoma en varios sitios elevados de la cordillera y de los altiplanos (León, 1964).

En el proceso de utilización de los recursos fito y zoogenéticos, el hombre fue domesticando diferentes plantas y animales. La gran variación ecológica de los Andes le proveyó de suficiente material para seleccionar granos, raíces, frutas, hortalizas y tubérculos adaptados a condiciones desde el nivel del mar hasta alturas sobre los 4000 m. La población trató de asegurarse alimentos para los períodos de escasez de productos silvestres. Este proceso, que debió iniciarse hace unos 6000 años, evolucionó hacia el desarrollo de etapas de producción cada vez más laboriosas (Engel, 1982). Entre todas las especies domesticadas se considera que una de las más antiguas, junto al maíz, es la raíz de arracacha (Arracacia xanthorrhiza) (Bukasov, 1930). Aún hoy se encuentran estas dos especies en valles, como los de Cajamarca, cultivadas en forma asociada.

El maíz ha sido uno de los primeros cultivos en los Andes centrales. Galinat (1972) determinó una antigüedad de 4000 años en muestras de marlos (qoronta) encontrados en Ayacucho, lo que sería el estado más silvestre de la raza más primitiva y progenitora del "maíz confite morocho" y de muchas razas indígenas peruanas. Manrique (1987) hace una exhaustiva descripción de todos los restos de plantas prehistóricas de maíz en el Perú que evidencian esa antigüedad y que permiten diferenciar las épocas del proceso agrícola (Cuadro 1).

Cuadro 1
Etapas del proceso agrícola en los Andes

Etapas


Fecha aproximada

1. Epoca preagrícola


6000 - 4000 AC

2. Epoca agricultura incipiente (que ignora al maíz)


4000 - 2000 AC

3. Epoca agricultura del premaíz


2000 - 1500 AC

4. Epoca agricultura del maíz


1500 - 1000 AC

5. Impacto de la agricultura Chavín


1000 - 500 AC

6. Epoca señoríos regionales (incluye tubérculos andinos)


500 AC - 750 DC

7. Epoca Wari-Tiahuanaco (desarrollo de cultivos andinos)


750 - 1000 DC

8. Epoca de señoríos regionales (Chimú)


1000 - 1450 DC

(avance de la domesticación)


9. Estado Inca (organización de la producción)


1450 - 1526 DC
Fuente: Manrique, 1987; Núñez, 1974



En el estudio de la domesticación del maíz se considera que los parientes más cercanos son los "teosintes", especies del género Euchlaena, como E mexicana, de plantas muy parecidas al maíz y que crecen en forma silvestre en los maizales de México y Guatemala.

El otro género afín sería el Tripsacum, llamado "maicillo", con una mayor distribución desde Norteamérica hasta el norte de Sudamérica. En vista que estas especies pueden fácilmente cruzarse con el maíz, Darlington (1955) concluyó que E. mexicana y Z. mays podrían ser consideradas como una sola especie.

Actualmente se acepta la existencia de varios centros de origen del maíz, siendo los principales en México y los Andes centrales de América del Sur. Tomando en cuenta las evidencias de distribución, arqueología, lingüística y la presencia de congéneres silvestres, se ha propuesto la existencia de dos tipos de centros de domesticación (Vavilov, 1926; Manrique, 1987).

Primarios

� Mexicano: razas primitivas Nattel, Chapalote.

� Peruano: razas primitivas Confite, Morocho, Kully, Chullpi.

Secundarios (donde la hibridación con Teosinte y Tripsacum ha dado lugar a nuevas formas).

� Mexicano: cruzamiento con Tripsacum.

� Guatemalteco: cruzamiento con Teosinte.

En los Andes, el maíz estuvo acompañado de otras especies con las cuales el hombre trató de asegurar una alimentación mejor balanceada; en base a un proceso de prueba y error e intuición alimentarla, se combinó el maíz �que es deficitario en lisina� con la quinua y el amaranto, ricos en este aminoácido que es necesario para una dieta balanceada. En los terrenos más altos de cultivo de la papa, otros tubérculos como la oca, olluco y mashwa, permitieron variar la dieta y utilizar mejor los diferentes nichos ecológicos; así como especies de Chenopodium como la qañiwa y raíces (la maca) se adaptaron a alturas cercanas a los 4000 m (Cuadro 4).

Se considera que el proceso de evolución de la agricultura en los Andes tomó características especiales con la domesticación de los tubérculos en las tierras más elevadas. Salaman (1985) se refiere a la gran antigüedad del cultivo de la papa en América del Sur, así como a su amplia distribución y utilización de ocho especies diferentes de este tubérculo, adaptados a las diferencias de climas y suelos. La mejor evidencia de la antigüedad del uso de los cultivos andinos se encuentra en la cerámica (Figuras 1 y 2).
Las cerámicas de la cultura Protochimú y Protonazca datan de los años 200 DC; sin embargo, no se conoce con exactitud cuanto tiempo transcurrió desde el primer intento de cultivar una especie silvestre de papa en las montañas, hasta que esta fuera motivo de reconocimiento ceremonial. No obstante, es en la cultura Wari, en Ayacucho, donde se ha representado con mayor énfasis y valorización el uso de los cultivos andinos.

Hoy en día no siempre es fácil distinguir entre plantas silvestres y domesticadas; en la región andina existen numerosos estados intermedios entre el inicio de la utilización de plantas en su estado silvestre y el estado como cultivo de consumo.

Para respaldar esta afirmación se pueden mencionar unos ejemplos: quinuas que corresponden a estados cercanos a las plantas silvestres se encuentran en campos de producción comercial; así como numerosas especies del género Lupinus se mezclan con el tarwi (Lupinus mutabilis). Parientes silvestres de la papa, de la oca y el olluco se encuentran con frecuencia en la extensa región andina.

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